CATALUNYA: nunca es tarde para el encuentro

miércoles, 18 de octubre de 2017

Nunca es tarde para el encuentro y para abordar con serenidad los problemas que, si no hallan solución a tiempo, pueden conducir a situaciones indeseables para todos. 

Como ya he indicado reiteradamente en relación a los hechos acaecidos en Catalunya, considero que es fundamental y apremiante que tenga lugar una reunión de representantes de ambas partes sin condiciones ni apriorismos para, abordando las distintas dimensiones del conflicto con serenidad y altura de miras, llegar a conclusiones que permitan evitar las graves consecuencias que podrían derivarse. 

Como ex Director General de la UNESCO, Presidente de la Fundación Cultura de Paz y co-Presidente del Instituto Universitario de Derechos Humanos, Democracia y Cultura de Paz y Noviolencia (DEMOSPAZ) deseo unir mi voz a la de quienes procuran así mismo, desde diversas instancias nacionales e internacionales, resolver adecuadamente una cuestión que a todos nos concierne e interpela.

Urgente: un nuevo concepto de seguridad

lunes, 16 de octubre de 2017

El día 29 de agosto de 2016 publiqué este artículo en el Blog, que hoy vuelvo a reproducir:

(A propósito de los múltiples incendios en Galicia, la isla de La Palma, California,…, terremotos de Italia y Birmania y muchas otras catástrofes)

Los grandes poderes actuales siguen pensando que la fuerza militar es la única expresión y referencia de "seguridad". Gravísimo error, costosísimo error que se ocupa exclusivamente de los aspectos bélicos y deja totalmente desasistidos otros múltiples aspectos de la seguridad "humana", que es, en cualquier caso, lo que realmente interesa. 

Cuando observamos los arsenales colmados de cohetes, bombas, aviones y barcos de guerra, submarinos... y volvemos la vista hacia los miles de seres humanos que mueren de hambre cada día, y hacia los que viven en condiciones de extrema pobreza sin acceso a los servicios de salud adecuados... y contemplamos consternados el deterioro progresivo de las condiciones de habitabilidad de la Tierra, conscientes de que debemos actuar sin dilación porque se está llegando a puntos de no retorno en cuestiones esenciales del legado intergeneracional. 

Cuando nos apercibimos de la dramática diferencia entre los medios dedicados a potenciales enfrentamientos y los disponibles para hacer frente a recurrentes catástrofes naturales (incendios, inundaciones, terremotos, tsunamis,...) constatamos, con espanto, que el concepto de "seguridad" que siguen promoviendo los grandes productores de armamento es no sólo anacrónico sino altamente perjudicial para la humanidad en su conjunto, y que se precisa, sin demora, la adopción de un nuevo concepto de "seguridad", bajo la vigilancia atenta e implicación directa de las Naciones Unidas.

¿Quién se acuerda de Haití? ¿Y de Ecuador? Cuando admiramos la heroica actuación de unos expertos bomberos y unos cuantos helicópteros y avioncitos en La Palma... y recordamos la "plenitud" del F-16 y F-18, y los misiles y escudos anti-misiles, y los portaaviones, y las naves espaciales... cuando seguimos las acciones admirables que llevan a cabo tanta gente y voluntarios para rescatar a algunas personas todavía vivas después de un terrible seísmo, sentimos el deber ineludible de alzar la voz y proclamar, como ciudadanos del mundo, que no seguiremos tolerando los inmensos daños, con frecuencia mortales, que sufren por tantas otras modalidades de "inseguridad" quienes -una gran mayoría- no se hallan protegidos por los efectivos militares. 

La seguridad alimentaria, acceso a agua potable, servicios de salud, rápida, coordinada y eficaz acción frente a las situaciones de emergencia... es -ésta y no otra- la seguridad que "Nosotros, los pueblos..." anhelamos y merecemos.

Repito hoy este escrito porque creo que es esencial que la seguridad se entienda a partir de ahora de distinta manera: no sólo con la defensa de territorios y fronteras, no sólo con ejércitos y costosísimos artificios bélicos sino con la debida atención a las necesidades básicas de la población y, en la medida de lo posible, hacer frente a las catástrofes naturales o provocadas con todos los medios tecnológicos y personales que sean necesarios.

¡Ciudadanos del mundo!

lunes, 9 de octubre de 2017

Catalanes, españoles, europeos… ¡ciudadanos del mundo! 

Ahora mismo, estamos enfrascados y ofuscados en dilucidar pertenencias a pequeñas “parcelas”, cuando los retos son globales y sin precedentes y las soluciones deben ser, lógicamente, globales y sin precedentes. En lugar de concentrarnos en innecesarios y osados “inventos” sobre lo más cercano y circundante, abordemos conjuntamente, manos y voces unidas, los peligros que nos amenazan y reaccionemos antes que sea demasiado tarde. 

Deberíamos ser todos plenamente conscientes de que nos hallamos, por primera vez en la historia de la humanidad, en una situación de extrema gravedad y complejidad, enfrentados a desafíos potencialmente irreversibles de tal modo que, si no actuamos a tiempo y con firmeza, podrían alcanzarse puntos de no retorno en la habitabilidad de la Tierra. 

En octubre de 2014, Roberto Savio escribió un artículo aleccionador: “Mientras el planeta marcha hacia la catástrofe, los políticos sólo observan…”. La Carta de la Tierra hace referencia a la responsabilidad de los seres humanos en la conservación del planeta. Y la Constitución de la UNESCO indica que los educados son “¡libres y responsables!”. 

Quiéranlo o no reconocer interesados y cortoplacistas libres actuales, nos hallamos en el antropoceno –influencia humana sobre las condiciones ecológicas- y debemos cumplir nuestros deberes oportunamente se convierte en una exigencia ética irrenunciable. 

Ahora ya no tenemos excusa: ya sabemos lo que acontece y podemos expresarnos libremente gracias a la tecnología digital. Y, sobre todo, la mujer, marginada totalmente hasta hace poco ocupa progresivamente el importantísimo lugar -“piedra angular”- que le corresponde en la toma de decisiones a todos los niveles. 

Miremos a los ojos de nuestros hijos y nuestros nietos y digámosles que –sabiendo a ciencia cierta los perjuicios que les causaríamos de otro modo- no nos distraerán y, ciudadanos del mundo, actuaremos en consecuencia. 

En primer lugar, promoveremos la refundación de un Sistema multilateral democrático a escala mundial, de tal modo que: 

• Se prescinda inmediatamente de los grupos plutocráticos (G7, G8, G20) que estableció el neoliberalismo globalizador y que han conducido a la actual situación de desconcierto conceptual, social y económico en que se halla el mundo. 

• Se elimine la amenaza nuclear y, en toda la medida de lo posible, los riesgos de catástrofes globales, aplicando un nuevo concepto de seguridad (no sólo territorial sino que garantice a todos los seres humanos las cinco prioridades establecidas hace años por las Naciones Unidas: alimentación, agua, servicios de salud, cuidado del medio ambiente y educación) y, llevando a la práctica sin demora el desarme para el desarrollo (es intolerable, no me canso de repetirlo, que se inviertan cada día más de 4000 millones de dólares en armas y gastos militares, al tiempo que mueren de hambre miles de personas, la mayoría niñas y niños de uno a cinco años de edad). 

• Asegurar una vida digna a todos en sus lugares de origen, mediante una ayuda al desarrollo integral y endógeno, para evitar flujos de emigrantes debido a las pésimas condiciones que la explotación y la carencia progresiva de acción solidaria les imponen. 

• Esfuerzos sinérgicos a escala global para la transición desde una economía basada en la especulación, la deslocalización productiva y la guerra a una economía basada en el conocimiento para un desarrollo global humano y sostenible, abandonando para siempre el parámetro del PIB, exclusiva referencia al crecimiento económico. 

• Con el estricto cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y los Acuerdos de París sobre Cambio Climático podría contrarrestarse la actual degradación de las características ecológicas y favorecerse la sostenibilidad, con nuevos estilos de vida y un nuevo concepto de trabajo.

• Especial cuidado se mantendrá a escala mundial en relación a los brotes xenófobos, racistas y supremacistas, ya que ellos han sido el origen de grandes confrontaciones, con millones de víctimas. Este tema es esencial y debe figurar como una de las prioridades de acción colectiva en la nueva era. 

• Las Naciones Unidas se estructurarían de tal modo que, en breve plazo, la Asamblea General tuviera, junto al 50% de Estados, el 50% de representación de instituciones de la sociedad civil (“Nosotros, los pueblos”). Al actual Consejo de Seguridad, exclusivamente territorial, se añadiría un Consejo de Seguridad Medioambiental y otro de Seguridad Socioeconómica. 

Sólo de esta manera se pondría en práctica la lúcida y entonces prematura expresión con de la primera frase de la Carta: “Nosotros, los pueblos…”. Nosotros, los ciudadanos del mundo tenemos, en nuestras manos, las riendas de nuestro destino común. Es apremiante. Dejemos a un lado anacrónicos y desfasados proyectos y dediquémonos con inteligencia y solidaridad planetaria a hacer posible el bienestar de toda la humanidad en la nueva era. Cada ser humano capaz de crear, nuestra esperanza. Actuar como ciudadanos del mundo comprometidos con las generaciones venideras es nuestro deber supremo.